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tampoco están claras. La mayoría de los autores invocan las características de “la vida moderna” de la sociedad occidental entre los factores que serían determinantes de estos cambios (3). Entre los alergenos más comunes están la proteína de la leche de vaca, huevo, soya, pescados, mariscos y frutos secos. Su prevalencia no está bien establecida, estimándose que 2-6% de los niños estaría afectado (8), cifra que iría en aumento tanto en países en desarrollo como en los desarrollados. En Chile existe evidencia que sugiere que en los menores de 1 año de nivel socio económico medio-alto la prevalencia es alrededor de 3% (9). 316 Las recomendaciones acerca de la alimentación complementaria han variado a lo largo del tiempo y también varían en los distintos países según sus culturas, medios económicos y hábitos alimentarios. Hasta el momento la evidencia científica no logra explicar cómo la naturaleza de los alimentos entregados, la cantidad de éstos o la forma de darlos, influyen en la salud y desarrollo a futuro del niño. Hoy en día existe una activa discusión acerca del momento más seguro para introducir el gluten y algunos otros alimentos. Estudios publicados recientemente han puesto en duda algunos criterios básicos de la alimentación en pediatría, como el rol protector de la lactancia materna (LM) o el beneficio de retardar la introducción de ciertos alimentos considerados alergénicos a la dieta del niño. La nueva evidencia sugiere que la edad de introducción del gluten no modificaría el riesgo de desarrollar la EC y que la LM no confiere protección para EC ni para alergia alimentaria. Por estas razones hemos considerado de interés evaluar la evidencia disponible en el tema en estas dos condiciones, la enfermedad celíaca y la alergia alimentaria. Alimentación complementaria del lactante La Organización Mundial de la Salud (OMS) describe la alimentación complementaria como todo alimento, sólido o líquido, que recibe el niño, diferente de la leche materna; esta definición incluye a las fórmulas lácteas, como una manera de enfatizar la importancia de la lactancia natural. Sin embargo, en esta revisión nos referiremos a alimentación complementaria como todo alimento distinto a la LM o fórmula láctea, siguiendo las recomendaciones de alimentación complementaria de la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN) y de la Rama de Nutrición de la Sociedad Chilena de Pediatría. ¿Hay una edad óptima para introducir los sólidos a la dieta del lactante? No existe consenso acerca de la edad óptima para introducir los alimentos sólidos a la dieta. Lanigan y cols, realizaron una revisión sistemática (2001) focalizada específicamente en la edad óptima para introducir sólidos en niños recibiendo leche materna y/o fórmula. Su conclusión fue que no hay evidencias suficientes para cambiar el criterio de la OMS, que recomienda iniciarlos entre los 4 y 6 meses (10). El comité de nutrición de la ESPGHAN, en 2008 consideró conveniente no iniciar la alimentación con sólidos antes de las 17 ni después de las 26 semanas de vida. Se basó en las necesidades nutricionales del niño, habilidades de desarrollo, datos publicados en relación a la edad de introducción de sólidos y las consecuencias en la salud a futuro (11). Por su parte, la Academia Americana de Pediatría el año 2014 también recomendó la introducción de sólidos a partir de los 6 meses (12). En Chile, las nuevas recomendaciones para la alimentación normal del niño menor de 2 años, publicadas por la Rama de Nutrición en Navarro E. y Araya M. 2013, establecieron también la edad de 6 meses como inicio de la alimentación complementaria, con un rango entre los 5 y 6 meses para su comienzo (13). Si bien parece haber consenso global en establecer que la edad de inicio de la alimentación sólida sea entre los 4 y 6 meses de edad, no hay evidencias que muestren el momento óptimo de introducir determinados alimentos, existiendo amplias variaciones en los diversos países. Por ejemplo, la leche de vaca (no modificada) en Dinamarca, Suecia y Canadá se introduce entre los 9 y 10 meses, mientras que en varios países se recomienda no darla antes del año (11). Para el pescado y el huevo, la recomendación más frecuente es iniciarlos entre los 4-6 meses, aunque en algunos países se sugiere esperar hasta los 9-12 meses (12). En Chile, se recomienda introducir el pescado entre los 6-7 meses y el huevo entre los 9-10 meses, independiente del riesgo de atopia o antecedentes familiares de alergia (13). Aspectos biológicos y de neurodesarrollo Un factor relevante a tomar en cuenta para fijar criterios de cómo alimentar al lactante se refiere al desarrollo de la función digestiva. A los 4 meses de edad ésta es suficientemente madura para digerir y absorber nutrientes distintos a la leche de la dieta. La exposición a sólidos implica una transición desde una alimentación rica en grasas a otra alta en carbohidratos. Esto se asocia a respuestas hormonales, que favorecen la adaptación de las funciones digestivas a la naturaleza de las comidas ingeridas, aumentando la cantidad y/o actividad de ciertas enzimas (11). La función renal es otro factor a considerar. Durante los primeros tres meses de vida el lactante mejora la filtración glomerular, que le permite mayor tolerancia al agua y solutos, aunque ésta es aun limitada. La excreción y reabsorción tubular pueden ser relativamente bajas todavía, pero si la alimentación es adecuada la función renal del lactante es suficiente. Por el contrario, si el lactante recibe alimentos con elevada carga de solutos, se favorece el balance hídrico negativo, lo que podría ocurrir si se utilizan fórmulas no adaptadas o si la introducción de alimentos sólidos es precoz. Los riñones maduran morfológica y funcionalmente a lo largo del primer año de la vida (14). El desarrollo psicomotor alcanzado también es importante. A los 6 meses los niños ya se pueden sentar con apoyo, sacar la comida que se le ofrece en una cuchara y usar su musculatura masticatoria. Además, se inicia la erupción dentaria y se incrementan las percepciones sensoriales (olfato, visión, tacto y gusto por los alimentos). A los 8 meses la lengua tiene mayor flexibilidad y los niños pueden tragar porciones más grandes y grumosas. Entre los 9 y 12 meses ya se han adquirido destrezas manuales suficientes para tomar alimentos con las manos y -con algunas limitaciones- logran compartir el momento de la comida junto el resto de la familia (11). Si a los 10 meses no se han introducido aún alimentos sólidos, se describe mayor riesgo de trastornos de la conducta alimentaria en el futuro (11). Aspectos nutricionales La leche materna es capaz de cubrir las necesidades energéticas y nutricionales del niño hasta los ~6 meses de edad; a partir de entonces se hace insuficiente y es necesario complementar la alimentación para asegurar un buen crecimiento y desarrollo. Mantener la lactancia exclusiva después de los 6 meses de vida puede resultar en deficiencia de macronutrientes (proteínas), algunos micronutrientes (principalmente hierro y


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