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309 músculo esquelético (7). Existe evidencia científica de que la Irisina se relaciona positivamente con la sensibilidad a la insulina y la pérdida de peso (7). Además está involucrada en el proceso de conversión de tejido adiposo blanco a tejido adiposo pardo (7,8), el que es altamente termogénico y se ha propuesto como como un potencial tratamiento contra la obesidad (9,10). Se ha demostrado que la Irisina aumenta sus niveles plasmáticos con el entrenamiento y estos resultados proveen la evidencia suficiente para decir que la Irisina podría mediar alguno de los posibles efectos benéficos del ejercicio (7). Esta revisión tuvo por objetivo actualizar el conocimiento referente a la Irisina, evidenciando los efectos que la realización de ejercicio tiene sobre los niveles plasmáticos de ésta, así como también comprender como su liberación influye en distintos sistemas corporales. El contar con mayor información dará paso a nuevas líneas de investigación y permitirá contar con estrategias terapéuticas no farmacológicas que contribuyan en el tratamiento de enfermedades crónicas no transmisibles. MATERIAL Y METODO El presente estudio es una revisión de tipo bibliográfica narrativa donde se incluyeron 61 artículos científicos, de los cuales, 56 son artículos originales, 2 revisiones bibliográficas y 3 metaanálisis. Los artículos incluidos fueron obtenidos de la base de dato Pubmed, escritos en idioma inglés, realizados en humanos (58 artículos) y animales (3 artículos), y publicados entre los años 1997 y 2015. IRISINA: LA NUEVA MIOQUINA El año 2012 Boström y cols. (7), descubren una mioquina noble a la que llamó Irisina, por la diosa griega de la mensajería “IRIS”. La Irisina es una hormona polipeptídica pequeña de 112 aminoácidos, secretada como producto de la fibronectina tipo III teniendo en su dominio la proteína 5 (FNDC5) y es inducida por el receptor activado por proliferador de peroxisomas γ (PPARγ) y el coactivador transcripcional 1 α (PGC-1α) en el músculo esquelético (11). Se le atribuye a la Irisina el rol de mediar alguna de las ventajas que se conocen del ejercicio físico, encontrándose como principal función la de actuar sobre células adiposas subcutáneas, transformando “grasa blanca en grasa parda”, la que es altamente termogénica, por medio del aumento de la expresión de la proteína de desacoplamiento mitocondrial 1 (UCP1) (12-14). A su vez, tiene el rol de ser mediador de otros de los efectos benéficos del ejercicio como son el aumento de la biogénesis mitocondrial y del metabolismo oxidativo (15). SECRECIÓN DE IRISINA El músculo esquelético es un órgano endocrino que juega un rol importante en la homeostasis metabólica gracias a la producción de proteínas denominadas mioquinas, que actúan como hormonas y cuya liberación está relacionada con la contracción de la fibra muscular (16,17). Boström y cols. 2012, determinaron que la secreción de Irisina es ejercicio dependiente y por lo mismo le otorgan a esta proteína la denominación de mioquina (7). Estudios más recientes han reconocido otros sitios de secreción de la Irisina como son: el tejido adiposo subcutáneo y visceral (18,19), las glándulas salivares (20), piel, hígado, riñón y músculo cardíaco (21). El año 2015, Aydin y cols. obtienen evidencia sugerente de que la principal fuente de Irisina no sería el sarcoplasma del músculo esquelético sino que en las capas de los nervios que se extienden en el músculo esquelético. Además, encuentran que habrían otros potenciales sitios de secreción diferentes de los ya mencionados como son testículos, páncreas, bazo, cerebro y estómago (13). IRISINA Y TRASTORNOS METABÓLICOS La obesidad se asocia con un mayor riesgo de adquirir distintas patologías, y aumentando la morbilidad y mortalidad (22). Se ha determinado que por las características en la distribución de grasa corporal, es la obesidad de tipo genoide, también llamada obesidad central, la que estaría más relacionada con el riesgo cardiovascular y de sufrir otras patologías (23-25). Por ésta razón los autores se han centrado en estudiar las características de los adipocitos, determinando que el tejido adiposo blanco almacena energía (triglicéridos) mientras que los adipocitos pardos consumen energía (26,27). La grasa parda juega un papel fundamental en la termogénesis y el gasto energético en los lactantes, y si bien hace algunos años se pensaba que en los adultos ésta no estaba presente, actualmente y gracias a las nuevas tecnologías se ha podido evidenciar lo contrario, y se ha podido determinar que su concentración está asociada a la cantidad de masa magra ya que su liberación es mediada por la contracción muscular (28). Distintos estudios han mostrado que los cambios en la actividad del tejido adiposo pardo pueden afectar la termogénesis y la homeostasis de la glucosa. La capacidad termogénica de la grasa parda está mediada por la presencia de la UPC 1 cuya expresión está regulada por varios factores transcripcionales incluyendo el PPARγ y PGC1α, los que pueden ser inducidos por exposición al frío y al ejercicio a través de la función de la Irisina (figura 1) (28,29). El aumento en la expresión del UPC 1 genera, como uno de sus efectos, el pardeamiento del tejido adiposo blanco transformándolo en tejido adiposo pardo termogénicamente más activo, lo que aumenta el gasto energético total (30,31). El tejido adiposo pardo contiene un alto número de partículas lipídicas y un alto número de mitocondrias (32,33). En el interior de la membrana mitocondrial se encuentra la UPC 1, una proteína desacoplante, que al activarse no genera síntesis de ATP sino que produce un aumento en la liberación de temperatura (34,35). Por estas razones la Irisina es considerada una proteína termogénica que aumenta el gasto energético al ser una hormona que media la transformación del tejido adiposo blanco a pardo (7). Estudios realizados en sujetos con obesidad mórbida han demostrado una asociación inversa entre el IMC y las concentraciones plasmáticas de Irisina (36, 37). A su vez, en los pacientes que han perdido peso por cirugía bariátrica, se ha encontrado una disminución en los niveles de Irisina plasmática (36). Esto se debe a que la cantidad de masa magra tiene directa relación con la cantidad de Irisina liberada, y por eso, aquellos sujetos que bajan de peso disminuyendo su porcentaje de masa muscular presentan disminución en las concentraciones de Irisina (36,37). Gutiérrez y cols. el año 2014 (38), realizaron un estudio comparando sujetos obesos mórbidos con sujetos normopeso, determinando que los sujetos normopeso presentan concentraciones más altas de Irisina. Además, descubren que la concentración de Irisina depende del tipo de obesidad, siendo los sujetos con obesidad de tipo androide los que tienen concentraciones más bajas de Irisina comparados con los de obesidad genoide. Estas diferencias se mantuvieron incluso después que los sujetos con obesidad mórbida fueron some- Actualizaciones sobre “Irisina”: la nueva mioquina


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