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dos, aunque numerosos cardiólogos de la época se negaban a aceptar la idea que solo un tipo de colesterol unido a una lipoproteína fuese la sustancia responsable de la aterogénesis. Sin embargo, la dificultad técnica derivada de la utilización de la ultracentrífuga, en aquella época un instrumento de alto costo, limitó un mayor progreso en el conocimiento del rol de los distintos tipos de lipoproteínas y de su contenido de colesterol en la aterogénesis, con lo cual el progreso sobre el tema fue muy lento. Durante la década de 1960 y 1970 se desarrollaron nuevos métodos económicos y al alcance de la mayoría de los laboratorios, como es la electroforesis o los kits de inmunoprecipitación, para la separación e identificación de las lipoproteínas del suero sanguíneo, con lo cual fue posible la realización de numerosos estudios epidemiológicos que “redescubrieron” el peligro potencial del colesterol asociado a las LDL. 418 En forma paralela, pero absolutamente independiente de los estudios de Gofman, Lawrence Kinsell, un médico clínico californiano, descubrió en 1952 que la alimentación con vegetales, asociada a una disminución de la ingesta de productos animales, producía una disminución del colesterol plasmático, particularmente del colesterol-LDL (9). Este estudio fue confirmado posteriormente por otro grupo de investigadores encabezados por E. H. Ahrens (10) quienes, además, asociaron al consumo de grasas insaturadas con la reducción del colesterol plasmático. Lamentablemente, el desenlace de los estudios de Kinsell fue dramático. Kinsell trabajaba en un hospital del condado de Alameda, California, cuya disponibilidad de camas y de recursos para sus estudios nutricionales era muy limitada. Diariamente recibía el asedio y la crítica de sus colegas por el uso “inútil” de camas de uso clínico en sus estudios. Fue recriminado por la dirección del hospital. Profundamente deprimido por la situación, cierto día de 1953, Kinsell llamó a su secretaria para que acudiera a su casa, al llegar a esta encontró un espectáculo desolador, Kinsell y su esposa se habían suicidado ingiriendo cianuro (otro caso de asedio como el ocurrido con Alan Turing en 1954). Probablemente debido a este trágico final, nadie recuerda a Kinsell como el primero que asoció el consumo de grasas insaturadas con la reducción del colesterol plasmático. Valenzuela A. y cols. EL RECONOCIMIENTO DE LA COMUNIDAD CIENTÍFICA El reconocimiento al trabajo pionero de Anichkov, e indirectamente de Gofman y Kinsell, llegó finalmente en 1958, a través de un artículo publicado en la revista Circulation por William Dock (11), quien en aquella época era el director del Departamento de Patología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford. No fue la comunicación de un trabajo de investigación científica, sino un editorial que reivindicaba el olvido al trabajo original de Anichkov y otorgaba el debido reconocimiento a los aportes de Gofman y del olvidado Kinsell. La conclusión de este visionario editorial fue que el colesterol de la dieta, y la composición de la dieta, desempeñan un papel fundamental en el mayor o menor desarrollo de la ateromatosis en las arterias tanto grandes como pequeñas. El resto de la historia del colesterol ha seguido un desarrollo vertiginoso, coronado, sin lugar a dudas, por el descubrimiento de los investigadores de la Universidad de Texas, en Dallas, USA, Michael Brown y Joseph Goldstein en 1983 del receptor celular de las LDL y del control intracelular que determina los niveles plasmáticos de colesterol-LDL y su relación con la aterogénesis (12). ¿Merecía Anichkov el Premio Nobel de Medicina? Quizás sí, pero los tiempos no fueron los correctos. Anichkov nació en 1885, publicó su primer trabajo en 1913, pero el reconocimiento de su visionaria investigación otorgado por la Academia de Cardiología Americana en 1984 y que lo habría hecho merecedor del Premio, ocurrió veinte años después de su muerte (1964). El Premio Nobel no se otorga en forma póstuma. La imagen muestra una fotografía del Dr. Anichkov cuando era teniente general del ejército soviético, 1945. RESUMEN La relación del colesterol con la aterogénesis ya cumplió cien años. El mérito de este importante descubrimiento lo tiene un médico militar ruso Nikolai Anichkov, quien utilizando conejos como modelo experimental, pudo demostrar la acumulación de "lipoides" cuando los alimentaba con una dieta rica en colesterol. Sus observaciones fueron criticadas por numerosos investigadores ya que utilizaba un animal Dr. Nicolai Anichkov (1885-1964)


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