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Rev Nutr 43-4

417 Nikolai Anichkov y los cien años de la hipótesis sobre el colesterol y la aterogénesis disolverlo en aceite de girasol (o maravilla) y administrárselo a conejos durante un período de 3 semanas. Finalizados los protocolos pudo observar que en todos los animales aparecían alteraciones, lesiones que iban desde estrías grasas hasta grandes acúmulos de “lipoides” y en todas ellas identificó la presencia de colesterol. DUDAS SOBRE LA VALIDEZ DEL MODELO EXPERIMENTAL Sin embargo, quedaba la duda si lo observado en los conejos tendría validez en otros animales, particularmente en los humanos. Al ser un animal vegetariano, el conejo prácticamente no consume colesterol y todo el que necesita para sus procesos metabólicos debe provenir de su propia síntesis. Curiosamente, Anichkov no realizó experimentos con otros animales lo cual resultó un "error afortunado" porque si hubiese utilizado un animal carnívoro como el perro, no habría observado "lipoides" ya que este animal, como todos los verdaderos carnívoros (a excepción de nosotros los humanos) (3) elimina todo el colesterol excedente por vía biliar y este no se acumula en sus arterias, en otras palabras, no sufren de arterioesclerosis. En 1913 publicó su más reconocido trabajo sobre la relación del colesterol con las lesiones vasculares. (4) Insistió en el uso de los conejos, e hizo oídos sordos a la crítica de sus colegas sobre la valides de su modelo experimental. Cuidadosamente se dedicó a observar la anatomía de las lesiones vasculares. En 1933 publicó una revisión sobre sus observaciones y también la de otros investigadores sobre las características anátomo-patológicas de las lesiones derivadas de exceso de colesterol circulante (5). Algunos laboratorios trataron de confirmar el hallazgo de Anichkov con éxito cuando utilizaron conejos o cerdos de guinea, como lo demostró C. Bailey en la Universidad de Stanford en 1915 (6). Sin embargo, otros investigadores al utilizar ratas o perros, no llegaron a conclusiones similares ya que la administración de altas cantidades de colesterol a estos animales no generaba "lipoides". Hoy sabemos que estos animales pueden eliminar muy eficientemente el colesterol a través de la bilis y/o transformarlo en sales biliares, algo que no ocurre en el conejo. Estas observaciones, desacreditaron los hallazgos de Anichkov y se consideró que el conejo no era un buen modelo para el estudio de los efectos metabólicos del colesterol. Post revolución rusa, Anichkov se transformó, voluntaria (o involuntariamente), en un disciplinado comunista ya que incluso llegó a ser consultor científico de Joseph Stalin. Así fue también como se generó el cerco político y de aislamiento que caracterizó a la Rusia Soviética (URSS), que sepultó en el olvido del mundo occidental la importante observación del investigador. Varios años después, en 1945 Steiner and Kendall (7) demostraron que el tratamiento de perros con tiouracilo, que sabemos que bloquea la exposición de receptores de LDL, y la posterior administración de colesterol, incrementaba la presencia de este metabolito en la sangre de los perros e inducía lesiones ateroscleróticas. Esto es, la observación de Anichkov pero ahora en un animal carnívoro. Entonces, bloqueando la utilización celular del colesterol era posible producir lesiones vasculares, algo que nuestro investigador no supo intuir o no sabía cómo demostrarlo. Otro motivo de crítica al trabajo de Anichkov fue que los niveles de colesterol que alcanzaba en sus conejos eran de 800 a 1000 mg/dL de sangre o más, algo que no ocurre en los humanos (salvo en condiciones genéticas de hipercolesterolemia familiar homocigota), lo cual también desacreditaba la interpretación de sus resultados. Anichkov realizó experimentos posteriores en los que demostró que cantidades menores de colesterol también inducían lesiones en los conejos. Como publicó en lenguaje ruso sus hallazgos, fueron prácticamente desconocidos en el mundo occidental. Su única publicación en alemán es la ya mencionada, publicada en 1913. Quizás, el movimiento comunicacional que produjo la pre-segunda guerra mundial (pactos entre alemanes y rusos, pactos entre franceses e ingleses e incluso contactos entre ingleses y rusos) abrió alternativas de comunicación entre Rusia y la Europa Occidental. Es así como Anichkov pudo publicar su trabajo de 1933 en inglés en el cual describió todos los hallazgos de su laboratorio, ahora en un lenguaje común para los científicos. Esta publicación despertó la curiosidad y el interés de los patólogos y experimentalistas. Un motivo de controversia para los resultados de Anichkov fue que en aquella época, comienzo del siglo 20, la arterosclerosis era considerada una enfermedad o anomalía funcional sólo típica de la vejez, esto es avanzaba crónicamente etapa por etapa en la medida de los años, entonces ¿Cómo era posible reproducir la enfermedad en animales jóvenes y en un tiempo tan corto, algo que normalmente demora décadas en el humano?. En la visión de aquella época parecía ilógico. Los estudios posteriores de muchos investigadores demostraron finalmente que una condición de hipercolesterolemia crónica, aún en animales jóvenes, se relacionaba con la aterogénesis. SE CONSOLIDA Y ACEPTA LA HIPÓTESIS DE ANICHKOV El primer norteamericano en reconocer la validez e importancia de los estudios de Anichkov fue el patólogo John Gofman. En un artículo publicado en Science en 1950, Gofman comunicó que al separar el suero de conejos alimentados con colesterol, según los protocolos de Anichkov, mediante el uso de la ultracentrífuga, un instrumento de separación analítica revolucionario en la época, el colesterol se separaba en dos fracciones claramente identificables (8). Una fracción prácticamente flotaba en la superficie del suero después de la ultracentrifugación y era una mezcla de proteínas, fosfolípidos y colesterol, esto es una lipoproteína. Gofman la denominó “low density lipoprotein” o “lipoproteína de baja densidad”, y que no era otra cosa que la lipoproteína conocida como LDL. La otra fracción, también de carácter lipoproteico, era de mayor densidad, por lo cual fue denominada “high density lipoprotein” o “lipoproteína de alta densidad”, y corresponde a la lipoproteína que identificamos como HDL. Gofman, también observó que mientras en los conejos no alimentados con colesterol, la mayor parte del colesterol era transportado en las HDL, en los conejos hipercolesterolémicos el colesterol era mayoritariamente transportado por las recientemente descubiertas LDL. Posteriormente, Gofman y su grupo ultracentrifugaron el suero de 104 hombres con antecedentes previos de arteriosclerosis y de infarto. En 101 de ellos encontraron elevado el colesterol contenido en las LDL (colesterol-LDL). Resultados similares fueron obtenidos a partir de mujeres con antecedentes de enfermedad coronaria. La publicación del artículo de Gofman abrió, literalmente, los ojos de la comunidad científica y médica ante los peligros del colesterol de la dieta. Otro hallazgo de Gofman, fue resistido en aquella época por algunos cardiólogos, se refiere a que no es el colesterol total el indicador de riesgo cardiovascular, sino el colesterol- LDL. Los resultados de Gofman recibieron una publicidad muy amplia en los medios de comunicación no especializa-


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