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411 grasas de uso industrial tienen hasta 30% de AGT y que algunas margarinas pueden tener cantidades superiores a 40% de AGT (43). Estudios más recientes afirman que, entre el año 2003 y el 2010, los datos de ingesta promedio de AGT para mayores de 2 años se redujo de 4,6 g/día a 1,3 g/día, lo cual representa una reducción de 72% en la ingesta en dicho período. Para el año 2012 se habría reducido la ingesta respecto a 2010 en 23%; de 1,3 g/día a 1,0 g/día (13). En otros países, como Alemania e Inglaterra, el consumo antes del año 2000 era menor (4,9 g/día - 6,6 g/día) (44). En UK, estudios realizados en adultos mostraron una reducción significativa en la ingesta de AGT sobre el total de calorías diarias de niveles de 2,2%, en 1986/1987, a 1,2%, en 2000/2001 (45). En ese entonces se estimó que 60% de estos AGT derivaban del procesamiento de aceites vegetales (46). Para el año 2007, la industria mostraba resultados de ingesta diaria de AGT en el orden de 1% de la ingesta energética diaria, a consecuencia de la reformulación voluntaria de sus productos (47). Para los años 2008-2010, los resultados promedio de ingesta de AGT eran menores a 2 g/día para todos los grupos etarios, lo cual representaba el 0,7-0,9% sobre la ingesta energética diaria y significaba una reducción respecto de los resultados mostrados por la industria en el 2007 (48). Para ese entonces las contribuciones mayores a la ingesta de AGT provenían del consumo de productos cárnicos, lácteos y derivados de cereales (AGT de origen biológico), a diferencia de estudios previos que centraban la atención en AGT de origen industrial (49). En países de menor desarrollo, como la India, se ha estimado un consumo promedio mucho menor, que no superaba 3 g/día antes del año 2000 (50). Según el estudio “TRANSFAIR” realizado en 14 países europeos los países ubicados en la zona mediterránea meridional, como Grecia, Portugal e Italia, ostentaban los menores consumos de AGT de Europa (en el rango 1,4 – 1,6 g/día) (51). En Dinamarca, para el año 2005, la legislación había virtualmente suprimido los AGT en los productos alimentarios, reduciendo el consumo de la población a 0 g/día (52). En dicho país, para el año 2011, ya no existían siquiera subgrupos de riesgo que consumieran más de 1 g/día de AGT (53). En el caso de América Latina, la valoración del consumo de AGT resulta aún más dificultosa ya que la mayor parte de los países no realizan una evaluación sistematizada del consumo de dichos grasas de diferente origen. En Costa Rica, el consumo de AGT se estima de 2,6 g/día, existiendo datos de consumo de la población y tablas de alimentos que incorporan el contenido de AGT (20). En el caso de Perú, el consumo de AGT es de 2 g/día. En Argentina, a pesar de existir investigaciones que registran el contenido de AGT en productos de consumo masivo, las estimaciones del año 2000 del consumo per cápita de dichos AG, de 7,2 g/d, aún siguen vigentes (54, 55). No se han encontrado en bibliografía estimaciones de consumo de AGT en Brasil y Chile. ESTRATEGIAS PARA ERRADICAR LOS AGT DE LOS ALIMENTOS EN ARGENTINA La Estrategia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) (56) se inspiró en el exitoso proyecto finlandés Karelia del Norte, el cual se basó en modificar el estilo de vida general de la población mediante un enfoque comunitario como respuesta a los alarmantes índices de enfermedades coronarias (57). A los cinco años siguientes al inicio del proyecto, se produjo una considerable reducción de los índices de enfermedad cardiovascular de toda la población. La clave del éxito fue la integración de todos los sectores: atención primaria, industria alimentaria, organizaciones de voluntarios, supermercados, escuelas y medios de comunicación (58). En lo relativo a la nutrición y particularmente a las grasas, la Estrategia Mundial de la OMS, planteó prioridades para llevar a cabo en cada país, una de ellas, aumentar el consumo de AGI disminuyendo a la vez el consumo de AGS, AGT y colesterol (59). La planificación de estrategias para cambiar la problemática tuvo como punto de partida la investigación de la composición lipídica en cientos de alimentos de consumo masivo, ya que el etiquetado de GT en aquel entonces no era obligatorio. Un estudio pionero sobre composición de AGT en alimentos en Argentina, fue el reportado por Tavella y col. (54) quienes buscaron identificar aquellos alimentos de consumo masivo con AGT en su composición, a través de análisis cromatográficos. Los criterios de selección de estos alimentos fueron los datos de consumo provistos por el INDEC (Instituto Nacional de Estadística y Censos) y posteriormente, las marcas preferidas por el consumidor en las cadenas de supermercados del país. De acuerdo a estos datos, se centró el análisis en los rubros galletitas, golosinas y alfajores de consumo elevado en la población infantil (0 - 14 años) y las fuentes de materia grasa utilizadas en su elaboración (60-62). Tavella y col. (54) analizaron tanto los ácidos grasos cis como el ácido graso 18:1 n9 trans (ácido elaídico), ya que el resto de los isómeros trans se hallaron en contenidos menores a 0,5%. De los resultados obtenidos destacaron los contenidos de ácido elaídico (trans) de las margarinas versiones “normal” y “light” para las que se obtuvieron concentraciones de dicho AGT superiores al 30% del total de grasas. Con respecto a la composición en ácidos grasos de las galletitas dulces, dulces rellenas, alfajores y barras de cereales, si bien se ha notado gran variabilidad entre una marca de un producto y otra, los porcentajes sumados de los AGS y AGT (ambos tipos de ácidos con efecto hipercolesterolemiante), en muchos casos, superaron en promedio la cantidad de AGI (hipocolesterolemiantes). Los investigadores concluyeron que, debido al alto contenido de AGT encontrados en los alimentos analizados, además de una relación omega 6/omega-3 no deseada, se hacía evidente la necesidad de implementar estrategias que mejoraran la calidad nutricional de los alimentos que consumía la población, en particular los jóvenes. Para lograr estos objetivos, los esfuerzos se destinaron al desarrollo y elaboración de alimentos con bajo contenido de AGT, enriquecidos en MUFAs y PUFAs, que cumplieran con las recomendaciones de los organismos internacionales (FAO, OMS). Conociendo la fuente de GT, la concentración en la que se encuentran, y el nivel de consumo del alimento por parte del individuo, se podían estimar los consumos de GT de la población. El paso siguiente fue convocar a la industria alimentaria para trabajar en el desarrollo de la sustancia que pudiera reemplazar los AGT de los alimentos. Los resultados llegaron en el año 2005, cuando la Argentina desarrolló una variedad de aceite de girasol de alto contenido en ácido oleico. Este aceite presentaba una elevada resistencia a la temperatura, no era transgénico y se comercializaba a un precio accesible y competitivo respecto de otros aceites del mercado, atributos que lo posicionaban como un buen reemplazante de las GT de origen industrial. Con la presencia del aceite de girasol de alto contenido en ácido oleico y con el concepto de alimento funcional en mente se comenzaron a estudiar potenciales desarrollos de nuevos alimentos. El impulso final al desarrollo de alimentos saludables desde la industria argentina se generó a través de un anteproyecto de ley que fomentaba la producción de alimentos reducidos en GS, AVPH y colesterol, enriquecidos en AGI. Además, se permitía, a determinados organismos, certificar su composición nutricional, bajo estrictas normas de control de calidad, recomendadas por OMS y FAO. Hacia una Argentina libre de grasas trans


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