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Rev Nutr 43-1

Hábitos alimentarios en la población escolar chilena. Análisis comparativo por tipo de establecimiento educacional el desarrollo socio personal del estudiantado. El hecho de incluir indicadores de medición respecto de los hábitos de vida saludable constituye un precedente significativo para visibilizar desde los niveles más tempranos la importancia de la educación para la salud. En consecuencia, esta investigación haciendo uso de dichos cuestionarios describe los hábitos alimentarios y analiza comparativamente por dependencia educativa la influencia de la gestión preventiva-promocional del establecimiento sobre la dieta alimentaria en sus estudiantes. Para estos efectos se elaboró un índice de Hábitos de Alimentación Saludable (HAS) que considera las actitudes y las conductas auto-declaradas de los estudiantes relacionadas con la alimentación. El índice HAS en su construcción busca estar en sintonía con la dimensión homóloga establecida por la Agencia de Calidad de la Educación en la definición de los Otros Indicadores de Calidad. Este índice contempla un total de ocho ítems de respuesta graduada en ocho niveles conforme a la frecuencia semanal de consumo (0-7), constituyéndose, en consecuencia, una escala cuyos valores transitan de 0 a 56 puntos. El valor máximo de la escala expresa el consumo diario/semanal de los alimentos lácteos, frutas, verduras, carnes y legumbres y la ausencia de consumo de comida rápida, bebidas y dulces o golosinas. La puntuación empírica se distribuye simétricamente en torno a una media de 30,49 y desviación estándar de 7,66. Atendiendo al objeto de estudio se realizó un análisis estadístico mediante el software Stata 11. Con dicha herramienta informática, una vez calculado el índice HAS y determinado sus niveles de consistencia, se procedió a un análisis de nivel descriptivo, determinando medidas de tendencia central y de variabilidad a nivel de ítems y de valores escalares por segmento de comparación. Con objeto de determinar diferencias significativas se hizo uso de la prueba inferencial Anova de un factor, la cual va acompañada de un gráfico de densidades kernel para ilustrar las diferencias entre los grupos de comparación. 7 RESULTADOS Y DISCUSIÓN En la tabla 1 se exploran los hábitos alimentarios a partir de la frecuencia auto-reportada del consumo de ocho alimentos, segmentando el análisis de acuerdo a la dependencia administrativa de los estudiantes. Se evidencia un desajuste importante entre el consumo ideal de alimentos y el empíricamente constatado. Según las guías alimentarias para la población adolescente en Chile, se debería consumir tres o cuatro porciones de productos lácteos, dos platos de verduras y tres frutas de distintos colores diariamente. Estas prescripciones nutricionales distan significativamente de las cifras expuestas en la tabla 1, especialmente en el segmento de establecimientos municipales. En consecuencia, se estaría en presencia de una problemática nutricional relevante existente en la generalidad de la población escolar, la cual se encontraría además fuertemente segmentada en detrimento de los sectores socioeconómicos más vulnerables. La evidencia indica que en Chile junto con una sistemática reducción de la pobreza se ha incrementado la obesidad en todos los segmentos sociales y, en especial, en los más pobres (20). Tal segmentación alcanza su mayor magnitud en el ítem de lácteos, donde, en promedio los alumnos de establecimientos particulares pagados frecuentan el consumo semanal de leche y yogurt 1,67 días más que los alumnos del sistema municidel capital cultural y del grupo socioeconómico de origen. Entendido así, el campo educativo diversifica sus esfuerzos formativos y adquiere un mayor grado de responsabilidad por variables otrora invisibilizadas en el currículo, como es el caso de los hábitos de vida saludable. Un aporte sustantivo para visibilizar la importancia de estas nuevas dimensiones de lo educativo ha sido la incorporación reciente de los hábitos alimentarios como factor constituyente de los Otros Indicadores de Calidad Escolar (OIC), que la Agencia de Calidad de la Educación ha incluido al proceso de medición y evaluación de la calidad de la educación SIMCE a partir del año 2013. Esta dimensión “considera las actitudes y las conductas autodeclaradas de los estudiantes relacionadas con la alimentación, y, además, sus percepciones sobre el grado en que el establecimiento promueve hábitos de alimentación sana” (8). Si bien en Chile no existe una política de Estado que articule los esfuerzos transversales en la materia, cada vez son más comunes las iniciativas regulatorias que buscan impactar en la salud escolar, tales como la Ley de Composición Nutricional de los Alimentos (2012), el Sistema Elige Vivir Sano (2013) y diversos Programas Municipales (9), iniciativas que enfrentan muchas veces la resistencia y defensa de intereses corporativos de la industria alimentaria. Del mismo modo, en la literatura especializada han aumentado los reportes de investigación que sugieren fomentar los buenos hábitos alimentarios al interior de las escuelas (10-13). Estas conclusiones se ven reforzadas por la creciente evidencia que vincula la salud nutricional con el rendimiento académico y desarrollo infantil (14-17), aun cuando esta asociación pueda también estar moderada por determinantes sociales (18) y por el perfil psicológico del estudiante. Por su parte, la ausencia de hábitos de alimentación saludable se constituye en un problema de salud pública que haría aumentar la incidencia de enfermedades crónicas no transmisibles en la población adulta, con los consiguientes costes públicos y privados. El objetivo de este estudio fue examinar el comportamiento de los hábitos de alimentación saludable en los tres subsistemas de enseñanza formal a fin de orientar la focalización de las políticas y programas que se implementan a este respecto. MATERIAL Y METODOS La muestra del estudio corresponde a la integralidad de una base de datos de carácter censal proveniente de los cuestionarios de contexto del Sistema de Medición de la Calidad de la Educación (SIMCE) aplicado a la población nacional que se encuentra cursando 8° básico al año 2013 (19). Agrupa a un total de 216.158 estudiantes, de los cuales 42,4% proviene del sistema de enseñanza municipalizado, 49,8% del particular subvencionado y 7,8% del particular pagado. El promedio de edad de los participantes truncado al 5% fue 13,7, mientras que la mediana y la moda fueron 14. La distribución por sexo muestra que 50,4% eran hombres. Cada año la Agencia de Calidad de la Educación, junto con medir el rendimiento académico por medio de las pruebas nacionales SIMCE, aplica un set de cuestionarios orientados a la evaluación del contexto de los establecimientos educativos. A partir del año 2013 el cuestionario para alumnos incorporó nuevos ítems que permiten cuantificar los hábitos de vida saludable de la población escolar a través de tres dimensiones claves: hábitos alimentarios, actividad física y autocuidado. La inclusión de estas dimensiones forma parte de una nueva política de medición de la calidad de la educación, la cual reconoce la importancia de las variables no académicas en


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