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Rev Nutr 43-1

en la última encuesta Nacional de Calidad de vida de 2013 realizada por el DANE, para la población Colombiana rural: donde 92,6% cuentan con el servicio de luz eléctrica, 90,2% de la población no cuentan con cobertura de gas domiciliario, 50 sólo 58,7 % cuentan con el servicio de acueducto-agua potable comparado con 96,8 % de cubrimiento en las áreas urbanas, 76,0% tampoco cuenta con servicio de recolección de basuras y solo 5,5% no cuentan con ningún tipo de servicio público (20). En Colombia se estima que los hogares con nivel 1 y 2 del SISBEN presentan prevalencias de inseguridad alimentaria sobre 60% comparada con niveles superiores (21,22), tal como se reportó en este estudio, cuyos participantes pertenecían a los nivel 1 y 2 del SISBEN, vivían en condiciones económicas precarias y no consumían con regularidad frutas ni verduras. En la encuesta de hábitos de alimentación las gestantes expresaron la importancia de consumir frutas y verduras dentro de su alimentación diaria para el adecuado desarrollo del bebé, aunque no siempre las incluyen y a veces prefieren consumir alimentos de paquete y bebidas azucaradas como gaseosas o refrescos, sin estimar que le causan daño al feto en gestación (23,24). Al igual que en otros estudios, se pudo determinar que las gestantes tienden al sobrepeso y a la obesidad por sobrealimentación y malas creencias alimentarias en la etapa de la gestación, donde la tendencia es a alimentarse por dos y asociar bebes obesos con buena nutrición (25,26). En los niños se pudo evidenciar que la mayoría (90%) recibió lactancia materna exclusiva hasta los seis meses, lo que constituye un factor protector para evitar o disminuir el riesgo de desnutrición. Según la ENSIN 2010, en Colombia la duración total de la lactancia materna es 14,9 meses y es común que este tiempo se prolongue en las mujeres residentes de las áreas rurales, con menor nivel de educación y menor nivel de SISBEN (6). Según la información aportada por la madre, 26% fueron niños con bajo peso al nacer que se relaciona directamente con madres menores de 20 años, de un nivel socioeconómico bajo, que no asisten a controles prenatales o que no reciben suplementación con micronutrientes, como lo soportan otros estudios. (27,28). En su mayoría, además de las tres comidas principales, los niños reciben comida de media mañana y comida de media tarde, sus madres refieren conocer la importancia de incluir en su dieta, lácteos, frutas y verduras. En la clasificación nutricional por el IMC, se encontró que 15,4% de los ancianos estaban en un estado de desnutrición como resultado de una ingesta de alimentos insuficiente para satisfacer las necesidades de energía alimentaria, de una absorción deficiente y/o de un uso biológico deficiente de los nutrientes consumidos (29,30). La desnutrición en ancianos se relaciona con múltiples consecuencias, como: alteración en la función muscular, disminución de la masa ósea, disfunción inmunitaria, anemia, repercusión en el estado cognitivo, pobre cicatrización, pobre recuperación posterior a una cirugía, incremento del riesgo de institucionalización, mayor estancia hospitalaria, fragilidad, mortalidad y reducción en la calidad de vida (31,32). También se encontró que 38,5% de la población analizada, tenía IMC por encima del valor normal. El sobrepeso y la obesidad son el sexto factor de riesgo de defunción en el mundo. Cada año fallecen alrededor 3,4 millones de personas adultas como consecuencia del sobrepeso o la obesidad. Además, 44% de la carga de diabetes, 23% de las cardiopatías isquémicas y entre 7% y 41% de la carga de algunos cánceres son atribuibles al sobrepeso y la obesidad (33,34). Hace pocos años se introdujo el término “doble carga nutricional” para Rodríguez A. y cols. referirse al fenómeno de superposición alimentaria en la comunidad, especialmente en los países subdesarrollados (35,36). Se encontró que 8,7% de los niños estaban en riesgo de sufrir desnutrición aguda, mientras 6,5% presentaba desnutrición aguda y aguda severa. La prevalencia de desnutrición crónica fue 22% comparada con la prevalencia nacional del 13,2% reportada en la ENSIN-2010 (6). Estos resultados sugieren que a pesar de los esfuerzos que se realizan por las entidades gubernamentales en mantener las cifras reducidas, en el departamento de Boyacá las cifras aún persisten; lo cual se correlaciona con lo reportado por el sistema de vigilancia alimentaria y nutricional de Boyacá (SISVAN) con cifras de 12,3%, 5,5% y 18,1 % respectivamente (37-39). La anemia en los adultos mayores generalmente está asociada a las pérdidas de sangre, el estudio The Third National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES III, 1988 to 1994) (40) estableció una prevalencia de anemia en los adultos mayores americanos del 10.6%, en nuestro estudio la prevalencia de anemia de la misma población fue 26.37% más del doble de la encontrada en Estados Unidos. Es probable, según Muhammad y Pitchumoni, tenga como causa lesiones del tracto gastrointestinal (41). La hepcidina, péptido con funciones de hormona, regula las concentraciones de hierro en la circulación inhibiendo la proporción de hierro que se exporta de los enterocitos, macrófagos y hepatocitos. En la fase aguda se sabe que se incrementa la producción de algunas citoquinas que incluyen la interluquina 6, 1β, factor de necrosis α, interferón gama; la circulación y expresión de hepcidina está relacionada con las proteínas c reactiva, alfa 1 acido glicoproteína (42,43). Estudios han demostrado la asociación entre obesidad, inflamación y disminución de los depósitos de hierro (44-46). Este estudio evidenció la relación directa entre el IMC y la proteína C reactiva, obteniendo un r = 0.317, estadísticamente significativa (< 0.005). Según los resultados obtenidos podemos decir que la alta prevalencia de sobrepeso y obesidad en la población adulta trae como consecuencia la disminución en las concentraciones de hierro y por tanto la anemia; como lo reportado en recientes estudios de Tussing-Humphreys et al (47,48). La disminución de los depósitos de hierro en los niños menores de 5 años fue 21.27%, prevalencia menor que la encontrada por el Instituto Nacional de Salud y el Ministerio de Salud en el estudio realizado entre 1995 y 1996 (58%) y que la encontrada por Castro y Vega en el análisis de disparidades por anemia nutricional en Colombia, 2005 (49,50). La carencia de hierro es la causa más común de anemia, pero pueden causarla otras carencias nutricionales (folato, vitamina B12 y vitamina A), la inflamación aguda, crónica, las parasitosis y las enfermedades hereditarias o adquiridas que afectan a la síntesis de hemoglobina y a la producción o la supervivencia de los eritrocitos. La suplementación con hierro es la estrategia más utilizada para disminuir la prevalencia de anemia (51,52). Se observó una fuerte relación directa entre las concentraciones de hemoglobina y hematocrito, hematocrito y concentraciones de hierro y adicionalmente, el hierro se relacionó inversamente, de forma moderada, con la proteína C reactiva. Estos resultados corroboran la forma en que se distribuye el hierro en las proteínas de transporte y de depósito, como son la transferrina y ferritina respectivamente; como la influencia que tiene la fase aguda en la disminución de las concentraciones de hierro, como la demostró Tussing-Humphreys et al (47,48). Las infecciones parasitarias intestinales por helmintos y protozoos son las más comunes en América Latina y han sido estimadas en su impacto sobre la salud pública; sin embargo, en la


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