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Rev Nutr 43-1

Relación entre capacidad aeróbica y variables antropométricas en mujeres jóvenes físicamente inactivas de la ciudad de Concepción, Chile 19 en la población (8). Inactividad física se define como “el no cumplimiento de cualquiera de 3 criterios: realizar 30 minutos de actividad física de intensidad moderada al menos 5 días por semana, 20 minutos de actividad física vigorosa al menos 3 veces por semana o una combinación que permita lograr la utilización de 600 equivalentes metabólicos (METs) por semana” (9). Diversa evidencia sugiere que el tiempo que una persona pasa sentada, tiene efectos adversos sobre la salud cardiovascular y metabólica, acompañándose por una mayor predisposición a la disfunción, atrofia progresiva y pérdida de capacidad física (10). La inactividad física aumenta el riesgo relativo de padecer al menos 35 condiciones patológicas y es un factor de riesgo de muerte prematura y enfermedades crónicas (6). Mantenerse viendo televisión por tiempo prolongado se asocia con un mayor riesgo de incidencia de diabetes tipo 2 (DM2), enfermedad cardiovascular, obesidad y diversas causas de muerte (11). De la mano con la inactividad física, el sobrepeso y la obesidad son otras de las condiciones que pueden afectar negativamente la capacidad aeróbica, siendo otro de los graves problemas de salud pública a nivel mundial (3). En Chile, la última encuesta nacional de salud (ENS) del año 2010, el porcentaje de personas con sobrepeso y obesidad es 67% (8.900.000 personas), 6% más que en la misma encuesta aplicada el año 2003 (61%, es decir, aproximadamente 6.800.000 personas). Al diferenciar por sexo, 30,7% de las mujeres y 19,2% de los varones presentan obesidad, siendo este porcentaje mayor en las mujeres respecto a los varones, independiente del rango etario, lo que evidencia que el género femenino se encuentra en un mayor riesgo de sufrir eventos cardiometabólicos (8). Entre las características de los sujetos obesos o con sobrepeso, la acumulación de adiposidad, sobre todo visceral abdominal, ha demostrado estar fuertemente asociada con un conjunto de anormalidades metabólicas y contribuye a la aparición de resistencia a la insulina, síndrome metabólico, enfermedades cardiovasculares y DM2 (3). La utilización de métodos antropométricos en el diagnóstico y valoración clínica del sobrepeso y la obesidad, es especialmente relevante por ser relativamente simples, no invasivos, baratos, y no exigir alto grado de habilidad técnica y entrenamiento para ser aplicados. Además, teniendo en cuenta su eficacia, son una alternativa bastante utilizada en estudios poblacionales sobre obesidad y distribución regional de la grasa. Dentro de las herramientas clínicas de mayor utilización se encuentra el índice de masa corporal (IMC), la circunferencia de cintura (CC) y más recientemente el índice cintura-talla (ICT), que relacionan el peso o el perímetro abdominal con diferentes segmentos del cuerpo y presentan correlaciones altas y positivas entre sí (4). De ahí que su alteración tenga un valor particular para el diagnóstico de sobrepeso y obesidad, y como factor de riesgo y pronóstico de aparición de complicaciones secundarias (12). El IMC es un índice que permite diagnosticar el estado nutricional de un sujeto dividiendo su peso (en kg) por su estatura (en mt) al cuadrado. Es de fácil utilización clínica, pero tiene como limitante que no distingue la masa magra de la masa grasa, por tanto no representa fielmente la distribución de la grasa en el organismo, por lo que algunos individuos que presentan peso normal o sobrepeso leve (según IMC) con una distribución anormal de la grasa corporal, podrían estar en alto riesgo de padecer por ejemplo DM 2 (4, 13). Aunque el IMC es de uso común y fácil de calcular, la evidencia científica disponible no ha sido capaz de aclarar su potencia como predictor de RCM, en comparación con otras medidas antropométricas (4, 13). La CC es capaz de valorar la acumulación central de la grasa y es la medición más simple y de probada utilidad con estos fines. Sin embargo, al tratarse de una medida absoluta, no tiene en cuenta la influencia que puede sufrir por las dimensiones corporales de cada individuo. Es decir, se valora con el mismo criterio la circunferencia abdominal de una persona de 1,5 m de estatura, que otra con más de 2 m. Esta dificultad se ha tratado de subsanar con el ICT, que intenta situar la circunferencia abdominal en función de la estatura y es calculado dividiendo la CC de una persona, por su estatura. Su punto de corte parece moverse alrededor de 0,5 es decir, la CC no debiera sobrepasar la mitad de la talla para mantener un bajo RCM (12). Diversas investigaciones han mostrado su utilidad para predecir este riesgo, lo que explicaría por qué este índice está cobrando protagonismo, e incluso, quizás podría ser más adecuado que la CC y el IMC para valorarlo en diversas condiciones (12, 14). A pesar de lo anterior, existen resultados controversiales al respecto, ya que mientras algunos autores lo reconocen como el mejor predictor de riesgo cardiovascular en sujetos con síndrome metabólico (14 - 16), otros que han encontrado mejores resultados si se utiliza la CC en mujeres (17) o el índice cintura/cadera (18). En base a lo anterior, no todas las mediciones antropométricas mencionadas han mostrado igual relación con el RCM. Considerando que uno de los componentes de la función cardiorrespiratoria es el VO2peak, pudiera ser que alguna de ellas tenga mejor relación con la dimensión de ese riesgo asociado a la capacidad aeróbica. Medidas antropométricas que se correlacionen mejor con la capacidad aeróbica, podrían servir como aproximación más precisa del estado de salud de un individuo (2), representando de forma específica su RCM cuando existe influencia tanto de obesidad y sobrepeso, como de una pobre capacidad aeróbica. A nuestro saber, el único estudio que ha valorado la relación entre estas variables antropométricas y la capacidad aeróbica fue realizado en una población de adolescentes, de ambos géneros, sin considerar su nivel de actividad física y utilizando una estimación indirecta del consumo de oxígeno, por lo que sus resultados difícilmente pueden ser extrapolados a la población en mayor riesgo, como son las mujeres físicamente inactivas (4). Surge entonces la pregunta de investigación ¿cuál de las tres evaluaciones antropométricas mencionadas (IMC, CC e ICT), presenta mejor relación con la capacidad aeróbica manifestada como VO2peak de mujeres inactivas físicamente?. El objetivo de este estudio es determinar cuál de las variables antropométricas (IMC, CC e ICT), tienen mejor relación con el VO2peak en mujeres jóvenes físicamente inactivas de la ciudad de Concepción, Chile. SUJETOS Y MÉTODOS Estudio de tipo transversal, correlacional, que cumplió con la Declaración de Helsinki y contó con la aprobación del Comité de Ética de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC) para su ejecución. Participantes Se realizó el cálculo del tamaño muestral utilizando la fórmula de Levy P. y Lemeshow S., (19) para estimación de una media. Se utilizó como referencia la variable circunferencia de cintura (CC) que es aquella que presenta mayor variabilidad en la literatura, con una desviación estándar de 8,27 cm según


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